lunes, 10 de junio de 2013

Vivir sin métodos

La verdad es que desde que abrí el blog, he pensado mil cosas que publicar, y cuanto más las pensaba, más estúpidas se me hacían.

Últimamente se me están ocurriendo ideas (PELIGROOOOO!!!!!), y no contenta con ello, incluso se me está pasando por la cabeza llevarlas a cabo (PELIGRO AL CUADRADOOOOOO!!!!!!).
Pero como decía Ende, "ésa es otra historia y será contada en otro momento...".

En cualquier caso, me he decidido a publicar la primera entrada de este blog a golpe de estómago (que es como suelo hacer las cosas que al final más me gustan... sin pensarlo y sin prepararlo demasiado).

Buscando información relacionada con las ideas que se me están pasando por la cabeza últimamente (sí, sí, las de PELIGROOOOO), he llegado a la web de una guardería (Escola Bressol aquí en Barcelona) que hay en mi barrio, y donde habían publicado dos entradas, una sobre Rosa Jové y su Dormir Sin Lágrimas, y otra sobre Eduard Estivill y su Método Estivill (que debería, en mi humilde opinión, llamarse Revisión al Método Ferber... pero yo solamente soy una mamá loca, nada más, dios me libre de corregir a nadie...).

Pues bien, leyendo sobre uno y sobre otra, debo adelantar que tengo muy claro qué es lo que prefiero: no seguir ningún método.

Deberíamos aprender a escuchar a nuestros pequeños. Y en lugar de eso, hay quien pretende aparcarlos para que no molesten. Lo respeto, pero no lo comparto y me entristece.

Señores: los hijos "molestan". Y creo que es el mejor regalo molesto que la vida puede ofrecer.

Personalmente opino que el método Estivill resulta cruel y desproporcionado. Me parece muy grave aconsejar que no se cante o se acaricie a un bebé para que duerma. Por más que me lo plantee, no entiendo la razón de negar algo que precisan tanto como el alimento. Si se respetan los tiempos del niño, él solito aprende a dormir más de noche que de día. Y en eso, doy fe por mi caso particular.

Me resulta durísimo, no sólo para el niño sino para los padres, tener que hacer oídos sordos a nuestro instinto más primario y que es acudir en ayuda de nuestra "cría" para pasar a explicarle no sé exactamente el qué durante x segundos y siempre sin contacto físico... De verdad, contra más veces lo leo, más de punta se me ponen los pelos. Tortura para la criatura que no entiende, y tortura para el padre o la madre que tienen que luchar contra sus ganas y sus instintos porque alguien en algún libro ha dicho que es así como se hacen las cosas.

Tal vez deberíamos centrarnos en aprender el POR QUÉ suceden algunas cosas para así poder decidir NOSOTROS MISMOS qué hacer para solucionarlas. Y no limitarnos a seguir unas pautas que aconsejen abrazar o ignorar a nuestros hijos. Reclamemos información para poder decidir, no biblias sacrosantas que no deban ser puestas en duda.

Y quizás deberíamos reconsiderar qué clase de adultos queremos: gente programada e inflexible que desconfía del género humano ya que pase lo que pase, nadie acude en su ayuda, o se siente solo, o se entristece con facilidad; o bien personas empáticas y seguras de mismas, que se conmuevan por el dolor ajeno y sientan la necesidad de intentar aliviarlo de una manera u otra.
 

Sustituir a los padres por un un objeto que "tendrá cuidado del niño" me resulta absurdo, y más absurdo me resulta explicárselo al niño. Tal vez sería una buena idea preguntarse de qué tiene miedo el niño para poder ayudarle. Porque de eso se trata. De ayudarle para que crezca sano y feliz.

En lo que yo opino sobre la crianza, desde el momento en que hemos decidido ser padres, deberíamos tener claro que hemos asumido un compromiso absoluto con nuestros hijos, y que nuestra vida no será nunca más igual.  

Está en nuestras manos que esta diferencia sea una tortura y que la intentemos minimizar para que altere nuestra realidad lo menos posible, o bien que sea un regalo y entender que nuestro hijo nos enseñará a vivir de otra manera que hasta ahora ni siquiera habíamos imaginado.

Cada día aprendo de mi hijo... y me sorprende que con su escaso vocabulario de cuatro palabras y balbuceos, su increíble sonrisa y sus incipientes dos dientes inferiores, me esté enseñando más de lo que aprendí en 11 años en la universidad, haya puesto mi mundo boca abajo y me haga replantearme hasta el más inamovible de los axiomas que hasta ahora creía que regían mi vida y mi mundo.

Sólo por tener el privilegio de poder aprender lecciones tan importantes de la vida, ya deberíamos sentirnos afortunados...


Entonces, ¿por qué ésta idea recurrente de adiestrar a los pequeños para que no molesten en lugar de adiestrarnos a nosotros para aprender a mirarles, escucharles, comunicarnos y disfrutar de todo lo que nos enseñan?

Creo que las cosas son más sencillas de lo que parecen, pero requiere que usemos el sentido común, que irónicamente, me doy cuenta de que resulta el menos común de los sentidos...

2 comentarios:

  1. Me encanta tu reflexión :) Ya sabes, que a tu niño y a mi niña les veo el parecido -y a nuestras formas de criar- y no lo podría haber dicho mejor!

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  2. Gracias, guapa!!!! Tú y yo la liaremos parda... si nos sale bien, la liaremos parda...!!!!!!!!!!!!!!!!
    Un besito, a ti y a tu niña!!!!!!!!

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